El amor
Theodor Kallifatides
Con Kallifatides no aprendo. Me sucede con él siempre lo mismo. Pongo el piloto automático y comienzo su lectura con la técnica habitual de leer de izquierda a derecha. Y no. “Quieto parao”. Llego a la página cuarenta y me toca volver a empezar porque me estoy dando cuenta de que, gustándome mucho, no estoy apreciándolo más que en su superficialidad. No falla. No ha habido un libro de Kallifatides que no lo haya empezado dos veces. Es más. No hay un libro de Kallifatides que no lo haya leído dos veces. Le agradezco su brevedad inversamente proporcional a su intensidad. Esta vez yo me pongo un post-it en la frente para recordar, lo apunté cuando escribí algunas impresiones sobre otro de sus libros, que al griego hay que leerlo de fuera hacia dentro. La próxima vez no tropezaré en la misma piedra. Espero.
Su último libro, El amor, es, en apariencia, una novela de ficción, aunque a mí no me la da con queso, en la que Laki Sarris, griego que vive en Suecia, casado y con un hijo, se enamora de otra mujer. ¡Pillín! Este conflicto le supondrá un dilema sobre la posibilidad de amar o no a dos mujeres a la vez. Junto con este hilo conductor, Kallifatides vuelve, como le sucede a Carrère que escriba lo que escriba-efectivamente- siempre acaba hablando de sí mismo. Repito, vuelve a recuperar el tema de la identidad esquizofrénica que sobrevuela ser un griego en Suecia o un sueco en Grecia, no tanto para él, sino para los demás, porque me da por pensar que la nacionalidad, el acto de pertenencia no es tanto personal e inherente, sino un juego de espejos que afecta sólo en tu relación “con respecto a los demás”. Igualmente, esta ambivalencia se extiende también a su relación con ambas mujeres, como marido o amante a tiempo parcial. ¿Por qué no seguir jugando y dibujar un grifo kallifatidiano, mitad y mitad, mitad ABBA y mitad Demis Roussos?
Volviendo a la seriedad, Kallifatides aprovecha este nuevo amor furtivo para recuperar otras historias amorosas que le obligan a volver a su Grecia natal, ains el espíritu Carrère, con hondas reflexiones filosóficas tanto en materia amorosa como identitaria. Si creéis que son dos aspectos independientes, andáis un poco equivocados porque para Kallifatides sólo hay verdadero amor si algo se pierde. Bien sea el amor, bien la nacionalidad: “Lo mejor del amor es siempre el dolor que da perderlo”.
Quizá el dilema no sea únicamente si se puede amar a dos mujeres a la vez, sino qué versión de uno mismo aparece con cada una. Ya hay que tener mala leche para emigrar y descubrir que tampoco dentro de uno hay sitio para los demás. En ese sentido, el amor prolonga el desarraigo: obliga a preguntarse dónde queremos estar, a quién pertenecemos y cuánto de lo que llamamos identidad depende de la mirada ajena. Cabe preguntarse también si añoramos a una persona o a quienes fuimos cuando estábamos con ella; si queremos regresar a un país o a una vida que allí dejamos y que, convenientemente, recordamos mejor de lo que fue.
El hecho de haber leído este libro de fuera hacia dentro me descubro con un cierto azoramiento. La falta de costumbre y leerlo dos veces también contribuye a mi propia proporción inversa. Cuanto más lo leo, menos sé qué decir. Las palabras no emergen. Necesito recuperar oxígeno. Llamen al 112.