a contranovela
Hotel Vaim - Jon Fosse

Hotel Vaim

Jon Fosse

5.8
EDITORIAL:
Random House
AÑO:
2026
TRADUCCIÓN:
Cristina Gómez-baggethun
PÁGINAS:
160

Soy Fosse-lover confeso, y por eso me toca decirlo con un poquito de tristeza, pero este Hotel Vaim se encuentra un par de peldaños por debajo de lo que estamos acostumbrados. Sin embargo, siempre que hablamos de Fosse, tenemos que medir nuestras palabras.

Hotel Vaim se construye a través de la parataxis encadenada, seña de identidad, por otra parte, de su obra, y sobre la repetición ad infinitum del verbo “decir”. Lo que en mis otras lecturas ha supuesto para mí un acto deprecativo y de recogimiento, aquí se ha convertido en un estribillo cuya estructura cíclica se queda en cierta vacuidad. Por una vez, su estilo particular no ha sintonizado con su intensidad. Se ha quedado en ¡ay!, en un casi o en un leve aliento. Que Dios Todopodefosse se apiade de mí por esta blasfemia.

Advertencia e intento de redimirme. Nota al pie: cualquier gesto por insignificante que parezca viene cargado de más simbología que la preparación de una paella en domingo. Igualmente, algo que me ha llamado la atención, aunque es “marca de la casa” y, por tanto, deberíamos estar acostumbrados, es el carácter autómata de su estilo, casi como si sus personajes se emparentasen con una IA. El protagonista del texto no sólo describe la resolución de sus actos, sino que detalla el proceso de cálculo previo al resultado del cual, nosotros, los lectores, somos testigos. La elipsis, “¡pa tu tía!” Lo traduzco del fosseano al español. Si el protagonista entra en el hotel y ve a la dueña del establecimiento, no se conforma con decirnos esto último, sino que segmenta en orden cronológico cada conexión neuronal que pasa por su cerebro desde que ve a la mujer hasta llegar al saludo y las transcribe.

Me ha llamado la atención también la convergencia de dos planos narrativos a diferente tempo en el que en uno se proyectan los actos y en otro, con el que no encaja, las consecuencias. El primero es el de la mente del Huésped, cuyos actos son sólo una proyección. En el segundo, razona con rigor, pero entre ellos existe un desfase. No es torpeza, sino que las consecuencias no le pertenecen. Se trata de un plano en el que no tiene acceso. Por eso cada paso que da, lo aleja de lo que cree que está haciendo. Nueva traducción del fosseano: que se nos presentan tantas perspectivas como personajes hay.

Comerciante, Huésped y Marinero. Únicamente, Brita, la dueña del hotel posee cierta identidad. El Huésped llega a un hotel. Llega no se sabe muy bien por qué, pero llega, lo cual deja abierta, conociendo al autor, una posible interpretación cristiana del libre albedrío o determinismo. Los otros personajes afirman conocer al Huésped a pesar de este creer que es la primera vez que se ven. Una idea muy romántica de la figura del doble y del eterno retorno, ya sabéis. A eso se suma su constante flirteo con Kafka. Qué más romántico que Kafka. El castillo. K se aloja en una posada y sin saber cómo, acaba quedándose. Algo similar le sucederá al Huésped. Y del mismo modo que sucede en películas como El Resplandor y series como Twin Peaks o American Horror Story, el hotel, más que hospedar, absorbe, retiene, lo cual ofrece una idea muy marxista y muy actual del cliente al servicio del objeto de su consumo. Y del mismo modo que en otras novelas de Fosse, el plano de la muerte convive con el de la vida porque tenemos una sensación de incertidumbre en todo momento. Vamos, como para que alguien nos ponga la mano encima mientras leemos [no, no voy a hacer el chiste de “quién me pone la pierna encima”. ¡Ups! Hecho]. Del susto que doy…

Todos estos procesos de desorientación irán acompañados de una desintegración gradual del personaje principal que no voy a desvelar. Todo ello muy fosseano, si lo habéis leído alguna vez. Sólo advertir que la pérdida de varios objetos que posee irá asociada a la pérdida de su identidad, de sustento, de libertad o del condumio porque Fosse no da puntada sin hilo. ¡A ver si eres capaz de establecer sus vínculos!

A medida que la trama (muy lentamente) se mueve, el huésped se irá convirtiendo en un rehén del hotel. “Huésped” y “hostil” comparten origen. Lo que un lado del espejo refleja, para el otro se invierte. O te compras un móvil bueno o en la opción selfie te muestras no como eres, sino como creen los demás: ƨɘ́vɘɿ lɒ ƨɒɿƚɘl ƨɒl иoɔ.

Y, sin embargo, y a pesar de todo lo dicho, tengo la sensación de que Hotel Vaim adolece de cierta delgadez orgánica y no sólo por su extensión. Reconozco sus virtudes y lo que hace de Fosse, muy posiblemente, el escritor al que más a gusto me acerco, pero chico, o lo fui yo. Mil campanas suenan en mi corazón. Qué difícil es pedir perdón. El check-in para este hotel lo hice muy ilusionado. No te diría que el check-out haya sido igual, porque Fosse es siempre Fosse. Vaya afirmación acabo de hacer. Y luego voy exigiendo que los demás no sean planos… Creo que mi pequeña desazón viene marcada por un carácter alegórico que no encajaba con lo que quería transmitir. No he sido capaz de percibir su gracia divina. O ya digo: o lo fui yo.