a contranovela
Cuando comenzó el silencio - Jesse Ball

Cuando comenzó el silencio

Jesse Ball

7.0
EDITORIAL:
Sigilo
AÑO:
2024
TRADUCCIÓN:
Virginia Rech
PÁGINAS:
248

Esta es una prueba de negrita en el manager.

Sobre la trama. La mujer de un tal Jesse Ball decide divorciarse. Antes de ello, esta misma toma la decisión de dejar de hablar. Motivo desconocido. “Enjoy the silence” que cantaba Depeche Mode. Punto para Kafka. Ante tal desconcierto, ante tal silencio, necesidad de respuestas. Como periodista que es nuestro Jesse Ball metaliterario, investigará casos en los que alguien decide, motu proprio, dejar de hablar. Ante otro tipo de abandono, aunque con mismos resultados, nos hemos enfrentado ya en “La vegetariana” de Han Kang. No importa tanto dicha decisión, sino la reacción que provoca en su entorno. La renuncia también es comunicación. Gandhi y Martin Luther King, creo que aquí tenéis algo que decir, o que callar, según se mire.

Nosotros, como lectores, tenemos la misma perspectiva que quien está narrando la historia. Jesse Ball -personaje- quiere conocer uno de esos casos y para ello viaja a Japón. Estados Unidos exhala ruido. Japón, lo opuesto. Elon Musk, no molas. Ball utiliza esa estrategia de la desconfianza para eliminar la distancia entre autor y narrador. Quiere que el lector sienta que está leyendo una investigación real, aunque poco a poco perciba que todo está cuidadosamente construido. La novela mezcla autobiografía, falsa investigación, documento y ficción de una manera deliberadamente ambigua.

Frente al mutismo de su mujer, ya exmujer, chorrazo de papel, boli y grabadora. Frente al silencio, la literatura. La escritura que nace precisamente del vacío que deja el silencio. Oye, me la apunto como definición de literatura.

Oda Sotatsu confiesa ser culpable de la desaparición de una serie de personas. Sabemos desde el principio que no fue así, lo que no sabemos como lectores es la causa de tal declaración falsa. Aquí “El proceso” kafkiano no es de los demás hacia uno, sino del investigado hacia la sociedad. Se invierten los papeles. A partir de aquí, al igual que la mujer de Ball, abandona el uso de la palabra convirtiéndose en representante del nihilismo. Bartleby, calienta que sales. Cuando las palabras dejan de ser fiables e impiden dar sentido al mundo, supondrán un fracaso existencial, así que “preferiría no hacerlo”.

¿Será una historia japonesa, únicamente por ambientarla en Japón? Eso sería muy simplista por mi parte. Jesse Ball -autor- se hará cargo de muchos niponismos. Estilo sobrio. Testimonial. Próximo a la novela policiaca o de investigación: interrogatorios, grabaciones, declaraciones, cartas, entrevistas… Pura fragmentación y ausencia de todo aquello que genere ornamento vacuo. Simbolismo del silencio. Mito de la aceptación del fracaso. El silencio formará parte del ritual ético para restaurar la dignidad del recluso. La aceptación del castigo por un delito no cometido es su propio seppuku. Un sacrificio que convierte el silencio en el último espacio de dignidad.

Nuestro conocimiento no abandonará la perspectiva del periodista. No lo olvidemos. De hecho, todas las personas entrevistadas que pertenecen al círculo de Sotatsu muestran distintos puntos de vista con respecto a él. ¿Os suena? Efecto Rashõmon. Kurosawa asoma la patita. ¿La verdad absoluta? Ni se la espera. Cada personaje recuerda selectivamente. Se justifica. Oculta aquello que le perjudica e, incluso, modifica de manera inconsciente. Lo importante no es sólo saber por qué se inculpa falsamente Sotatsu, sino mostrar cómo el ser humano reconstruye la realidad para protegerse. Koldo, Ábalos…, os la habéis leído, ¿verdad? Podíamos ir más lejos. No sólo no existe una verdad única, sino que tampoco existe una persona única.

A partir de aquí, más interrogantes. Muchas puertas abiertas. La justicia será otro de los ejes fundamentales. La justicia busca relatos coherentes y no tanto verdades. Esto en la justicia española no sucede. Emoji de ojo guiñado. Ball infiere estas preguntas: ¿Qué convierte una declaración en verdadera? ¿La firma? ¿La intención? ¿Un juez? ¿La sociedad? No nos descarguemos de culpa. Ante un acto incomprensible, buscamos inmediatamente una explicación barra justificación. ¿Sesgo de confirmación? No, yo de eso no tengo. Ejem.

Por tanto, conclusión. No esperéis certezas incontestables ni respuestas evidentes. Sería un contranatura para este libro. No esperéis que yo tenga razón. Esto menos, aún. Es un libro contenido alejado de cualquier hiperbolización. De hecho, el texto mantiene también sus vacíos y grietas, pero no desmerece su propuesta. De algo alejado de la comprensión, se saca de la manga algo más de doscientas páginas. Es en el silencio donde se gestarán las preguntas más interesantes. A mí este autor, por el mero hecho de formularme tantas preguntas, al menos con este texto, me interesa. Callo. Enjoy the silence.