a contranovela
Mi amor no muere - Roberto Saviano

Mi amor no muere

Roberto Saviano

6.0
EDITORIAL:
Alfaguara
AÑO:
2026
TRADUCCIÓN:
Carlos Gumpert
PÁGINAS:
350

Deberíamos salir todos en tromba a comprar los libros de Saviano. Lo digo totalmente en serio porque creo que se lo debemos. Huelga hablar de Gomorra y de todo lo que le supuso, pero leyendo algunas entrevistas a raíz de la publicación de su nuevo libro, Mi amor no muere, Saviano confiesa que ha fracasado. Ya sólo por esta confesión tendríamos que estar aplaudiéndole. En las dos entrevistas que he leído estos últimos días afirma que se sintió un héroe tras la publicación de su obra más conocida. Que con su Gomorra iba a derrotar a la mafia. Que lo que implicó ese libro en su vida personal a posteriori le hizo reflexionar y, a pesar de saber que el camino más inteligente para él sería abandonar y huir, no lo hizo. Los entrevistadores le hacen idénticas preguntas en sendas entrevistas -ahí sí sentí más pena y comprensión por él-. Empatizar por el giro que supuso tener que vivir escoltado con carabinieri, sin poder dormir dos días en el mismo lugar y recibiendo constantes amenazas me resulta inimaginable, por lo que simpatizar se convierte, por mi parte, en un mero brindis al sol, pero escuchar, él, en todos los idiomas, una y otra vez, esas mismas preguntas repetidas sí que merece nuestro abrazo. Y, sin embargo, aun a sabiendas de que parte con el marcador en contra, sigue escribiendo los mismos temas con el fin de una hipotética victoria que es lo que le hace mantener las ganas de vivir. Algo parecido a lo que le sucede a Rossella Casini, la protagonista de Mi amor no muere.

Pese a lo que te voy a decir a continuación, sigo pensando que debes salir a comprar la novela porque se lo debemos. No hay dinero que reste el drama que arrastra Saviano. No actúa como mártir ni mucho menos, pero creo que es un acto de justicia devolverle un gesto por su valentía. Con otros menos merecedores, tiramos el dinero… Yo ahí te lo dejo caer.

Como he anticipado, el libro no me ha cautivado, aunque es una lectura interesante, ágil y que fotografía una época oscura de Italia. No sé yo si Italia ha salido de esa oscuridad con Berlusconi, Craxi o, ahora, Meloni. Saviano es muy crítico con la primera ministra por no luchar por el fin de la mafia. Menos mal que los palacios italianos, catedrales y estilazos hacen que cualquier día plomizo permita ser atravesado por un rayo de luz. Aquí un inciso interesante. Si habéis visto la serie Portobello del director Marco Bellocchio -esta sí es una recomendación absoluta si aún no habéis llegado a ella- estamos en esos años, dos años arriba, dos años abajo. Casi seguro que aún no ha saltado el escándalo que afectó a Enzo Tortora. Situados en estos años de plomo, repito, Saviano vuelve a merecerse toda nuestra simpatía - ¡cómprale el libro, leñe! - al querer mantener el recuerdo de Rossella Casini, una joven que -podríamos afirmar si no fuera un hecho tan dramático- pasaba por aquí.

Rossella Casini, joven florentina y estudiante de Psicología, se enamoró de su Romeo y sin beberlo ni comerlo, plantó cara a los Capuleto y los Montesco de turno. Estos capuletos y montescos son más de corchopán, de serie de Atresplayer, de campo, del campo calabrés, cosa que no quita para que estallara una guerra entre famiglias. A la ´Ndrangheta no le hicieron, que yo sepa, una película a la altura de El Padrino, pero lo que cuenta Saviano bien podría formar parte de un guion de Coppola. El hijo que se va a estudiar lejos y parece a salvo del negocio familiar. Frente a los campos de cultivo que miran al Estrómboli como exponente de belleza natural, la Florencia humanística del Duomo y Miguel Ángel. Un padre acribillado y la vuelta del hijo pródigo. La diferencia está en la protagonista y, si bien en El Padrino, la novia queda reducida a un papel secundario, aquí cruza el umbral y La Famiglia se sienta a la mesa. ¡Dios! ¡Qué ganas tenía de meter esta cuña publicitaria! Reseña patrocinada por restaurantes La Mafia. Hoy rebautizados La Famiglia se sienta a la mesa. Pero Rossella hizo algo más. Y para explicar lo que sucedió qué mejor que echar mano de frases célebres de El Padrino que encajan perfectamente con lo que le ocurrió a nuestra protagonista. Un, dos, tres, responda otra vez. Ya dijimos que, a Francesco, que quiso huir a Florencia en primera instancia, una fuerza contraria a su voluntad lo empuja a quedarse en su hogar familiar y es que, como don Vito afirma, él acata lo de “un hombre que no vive con su familia no puede ser un hombre”. Rossella, por su parte, se vio entremedias de una guerra entre familias y optó por confesar nombres, asesinatos y robos. Si hubiera escuchado a Michael Corleone, sabría que “jamás vuelvas a ponerte del lado de alguien en contra de la familia”. Y claro, qué puede suceder en estos casos, pues lo que Michael Corleone le dice a Sonny: “si algo nos ha enseñado la historia es que se puede matar a cualquiera” o “no es nada personal, sólo negocios”.

La novela basada en hechos reales tiene su agujero negro. Recordad lo de la Italia oscura que escribí unas cuantas líneas antes y es que, pese a no haber encontrado su cuerpo, se sabe que fue asesinada por romper la omertà. Con esto no estoy haciéndoos ningún spoiler porque en la contraportada ya se menciona. Lo interesante de Mi amor no muere es saber cómo se llega hasta ese dramático final porque Saviano lo esconde perfectamente. Existen documentos y declaraciones de los principales testigos y, a partir de ellos, reconstruye una historia que va desde la inocencia del enamoramiento hasta el trágico desenlace. Para todo lo que no existe, Saviano completa los huecos con apariciones, diálogos y pensamientos que ningún sumario recoge. De Rossella sólo se conserva una foto. La estáis viendo. Ni siquiera hay cuerpo, así que el libro baraja varias hipótesis. La más convincente y dramática deja una frase que hace el camino contrario al de las citas de Coppola: “sabemos que sucedió así, pero no sucedió así”. Si antes le prestábamos a Saviano los diálogos de El Padrino, ahora es él quien le devuelve uno a un hipotético El Padrino 4. Las otras versiones, de risa.

Pero pese a todo ello, el libro no me ha entusiasmado. Le agradezco haber arrojado luz sobre este nocturno y alevoso acto delictivo, así como cerrar una herida; sin embargo, es tan testimonial y se preocupa tanto, o eso creo, de imaginar los posibles diálogos entre los distintos personajes que se convierte casi en un relato aséptico con el que no he sentido el calor de la rabia. Hubiera preferido un relato más sucio y crudo, pero me he visto con un sótano demasiado higiénico, libre de gérmenes donde los malos eran malos exclusivamente porque actuaban como malos, pero Saviano no me ha dejado llegar a comprender su lógica (ilógica para el común de los humanos). Incluso Rossella adopta el camino de vuelta, de no querer formar parte de ese mundo, como es absolutamente sensato, pero sin poder entrar a dialogar con sus temores, sus ¡pero yo qué hago aquí! Yo he sentido que me acercaba a una joven cuyo camino iba siempre en paralelo y en la dirección correcta sin necesidad de mirar las otras salidas. Vamos, que llevaba encendido el GPS de la ética con la batería al cien. Y claro, ante tanta rectitud y tanta objetividad ya están los informativos. Un segundo, dos segundos, tres segundos… Tomaos vuestro tiempo si necesitáis captar mi ironía, que yo os espero. Informativos, objetividad, rectitud. Que me da la risa.

Vamos, que me ha faltado literatura. Entended esto como queráis. No pido sangre por la sangre. Pido lo que pedía Zola. Explicar al monstruo. A Rossella se la conoce por fuera, cuando lo que verdaderamente quiero es asomarme a sus dudas. A Saviano le falta Fellini. A Rossella, su Gelsomina que no sabe para qué sirve. Y, sobre todo, al libro le falta su Zampanó. El bruto que al final, solo, de noche, se echa a llorar sin entender por qué. El libro es trágico porque el tema lo es, pero yo me he sentido demasiado tranquilo hasta las últimas páginas y eso, no sé por qué, no es lo que le pido a la literatura. Mercedes Sosa ya lo cantaba mucho antes que yo porque sólo le pido a Dios que lo injusto no me sea indiferente. Que no me abofeteen la otra mejilla, después que una garra me arañó esta suerte. Sólo le pido a Dios…

Desgraciadamente, a este libro no le puedo entregar el apartamento en Torrevieja. Tampoco la Ruperta. Y, aun así, ¡cómprale el libro, leñe! Un, dos, tres, respóndame otra vez.