El corazón de Inglaterra
Jonathan Coe
Me he merendado El corazón de Inglaterra de Jonathan Coe en un santiamén. No os voy a vender la moto de que es una gran novela, pero sí que, además de entretenida, invita a cierta reflexión.
Conforme iba llegando al final, una pregunta me sobrevenía y era: “Y a estos, ¿qué les cuento yo?” No tengo muy claro, y fijaos que es una lectura agilísima, qué nos ha querido plantear Jonathan Coe. O sea, si no tenéis tiempo y queréis que os lo resuma en un tuit os digo q sbre el Bxt [sobre el Brexit, leches]. Ñiummmmm, respuesta- bólido. Pero no podemos quedarnos tan en la superficie porque la novela tiene sus angulosidades. Y algunas pinchan.
La historia transcurre en el decenio anterior al actual, más exactamente, entre 2010 y 2018 en Inglaterra: Juegos Olímpicos, Brexit... La novela es coral y agrupa a los miembros de una familia de clase media, su círculo mas cercano de amistades y sus nuevas parejas que se van incorporando y aportando unos matices distintos a la familia británica cuyos componentes han recibido una educación universitaria y poseen una cultura no sé si considerarla media o elevada. Hasta aquí, una novela muy british, como a mí me gusta.
Todos estos personajes tendrán su peso y se convertirán en actores activos y pasivos de las nuevas transformaciones que el país del fish and chips está sufriendo. Desde la corrección política a la cancelación. Desde situar en la diana la discriminación positiva al orgullo patrio de la Inglaterra de las luchas sociales, el Estado del bienestar o el Sistema Nacional de Salud. Desde el europeísmo al britiscentrismo más recalcitrante. Y para semejante menú, necesitaremos un contexto de lo más real por lo que Theresa May, David Cameron o Nigel Farage se convertirán también en personajes involuntarios.
Spoiler: quedan f*cking en evidencia a ojos de todos.
Sin embargo, muchos de los estímulos que han servido para exportar el “britishness” o identidad británica se han ido al carajo como las ganas de comer cuando te cascan un English breakfast a las siete de la mañana. Claro, y aquí, siempre surge una tradición más antigua que el reinado de Isabel II: buscar a alguien a quien culpar. ¿Quiénes son los supuestamente más débiles? Las minorías. Y ya tenemos la ecuación: Pérdida de bienestar + Minorías= Brexit. Menos mal que tenemos un profesor de Matemáticas que, aun no habiendo estudiado en ningún college posh nos obliga a mirar otra vez la pizarra, te hace borrar la solución incorrecta y te repite la pregunta, porque te faltan unas cuantas variables.
Y entonces, la novela empieza a proporcionarnos pistas que nos hacen hallar una nueva solución. Por ejemplo, Londres, una ciudad que devora al resto del Reino Unido, que ha desarrollado la curiosa habilidad de pertenecer al Reino Unido sólo en su imaginario, que es capital, en realidad, de Hong Kong y Qatar a la vez, y cuyos habitantes viven anestesiados en un zombieland al margen del resto del país. Que les resulta más sencillo llegar a Bruselas que comprender qué está sucediendo a doscientos kilómetros. O un Oxford o Cambridge anquilosado en un clasismo de clases de lo más elitista. O una City inflando constantemente una burbuja cuyos beneficios recaen en unos pocos fundamentalmente asiáticos o norteamericanos, mientras que las pérdidas se democratizan. Y no nos olvidemos. El bien más apreciado por los ingleses. ¿La reina? ¿Ed Sheeran? ¿James Bond? No. El Sistema Nacional de Salud, el NHS, el cual ha sido tanteado para ir progresivamente desapareciendo en favor de una privatización del riñón de los contribuyentes.
Jaimito ha levantado la mano. - ¿Tiene la respuesta a este problema, Jaimito? Sí. Los grupos de presión ultraconservadores que ven en la grieta y en el desorden su festín carroñero. Muy bien, Jaimito. Los más inteligente de la novela es que estas impresiones no son tan directas, sino que Coe las va sugiriendo hasta el final en el que ya explosionan. Sin embargo, también encuentro peros. Mejor un “butttt” sostenido, con acento londinense y té con pastas, porque los protagonistas de esta historia, a pesar de los problemas que padecen, mantienen su firmeza inquebrantable. Echo de menos alguna contradicción más que los haga menos funcionales dentro del marco ideológico de la novela. Pero, sin embargo, un “recontrabutttt” con vocal cavernosa, cuando la novela abandona la política y entra en cuestiones familiares, sí observo y agradezco sus contrariedades.
Y esto hace que lo que había sido una respuesta telegráfica sobre el asunto que se trata en la novela: “va sobre el Brexit”, me lleve a una respuesta “Made in Luis” que no sabe abreviar y exponer que la historia que se nos cuenta es la de unos personajes que transitan por la vida, que les cuesta abandonar al joven que fueron, que viven con el recuerdo de cualquier tiempo pasado fue mejor, cuyo inmovilismo les impide avanzar y esto les genera una melancolía y nostalgia que los aboca al fracaso vital. Y en paralelo, Inglaterra. Una Inglaterra que convive con esta misma enfermedad, cuya añoranza se alimenta del mito: una Gran Bretaña imperial, una Inglaterra del “Blitz”, de la resistencia épica y una Inglaterra rural y homogénea.
Sí, pero Jaimito -Jaimie, ahora- vuelve a levantar la mano y apunta que detrás de este paraíso perdido hay un interés desolador: el poder económico por parte de unos pocos cuyo modelo es el antagonismo y competición en lugar de la cooperación. Que mientras unos discuten por soberanía, identidad o inmigración, otros hacen cuentas. Unas élites que sólo piensan en su “self-serving”.
Jamie vuelve a levantar la mano, pero la clase ya ha terminado. Es tea time.