a contranovela
¡Menudo reparto! - Jonathan Coe

¡Menudo reparto!

Jonathan Coe

8.0
EDITORIAL:
Anagrama
AÑO:
2010
TRADUCCIÓN:
Javier Lacruz
PÁGINAS:
584

De nuevo, vuelvo a toparme con una de esas reseñas en internet de lectores cachondos que consiguen extraerte una sonrisa. Esta será la tercera que cito, las otras fueron para el libro de DeWitt, por lo que podríamos estar ante el inicio de una bonita costumbre. Es algo así: “Una de las mayores alegrías de la vida consiste en diferir. Pocas cosas resultan mejores que ver una película o un libro con el que todo el mundo está entusiasmado, mientras tú piensas que es una auténtica mi*rda. Sin embargo, no importa lo que se diga sobre esta novela [¡Menudo reparto!] porque estás ante una obra maestra”. Parece que le ha gustado, ¿no creéis?

¡Menudo reparto! es una gran obra y en ella se recogen todos los ingredientes que definen la narrativa de Jonathan Coe: flema británica, mala leche, comedia y denuncia política. No sólo eso, sino que, en este caso, amplificados. El libro está basado en una película de serie B británica de 1961 cuyo nombre es What a Carve Up! Una comedia de terror ambientada en una mansión gótica en la que los invitados van siendo asesinados. Para el protagonista la conexión que se establece con esta película es sustancial: a raíz del visionado o visionado a medias de esta película hasta el punto de considerar el propio protagonista que se está filmando su propia vida. Lo mismo podríamos decir con el parecido con Diez negritos. ¡Maldición he dicho negritos! Y ahora he utilizado la negrita para resaltarlo. ¡Que me detengan! […malvada y peligrosa].

Este será nuestro punto de partida y de también de cierre aunque, en realidad, todo esto es un macguffin que esconde la verdadera intención del autor. Espera, espera. No seas impaciente que si no se me acaba ya la reseña. Ya he dicho que el cine será muy importante en este libro, ya que se intercalan escenas de películas con momentos de la realidad. Una realidad que, a veces, parece más ficticia que propiamente veraz. Cuando se dice que la comedia está menospreciada con respecto al drama en los Oscars, este libro podría ser el vivo ejemplo de esa misma situación injusta trasladada a la narrativa. Repito que es una grandísima novela en la que siempre asoma una pátina de tristeza bajo la comedia. Siempre emerge la mala leche de Jonathan Coe, a pesar de que consiga hacerte sonreír por el camino.

¡Menudo reparto! es, sobre todo, una novela que contiene varias novelas. Una mancomunidad en la que tiene cabida desde la novela policiaca a la comedia, desde el terror cutre a la novela de espionaje industrial y, si fuera poco, se consigue a través del ensamblado de todo tipo de formatos que van desde el diario a la columna de opinión. Desde la entrevista periodística al reportaje. Adivinanzas, mensajes cifrados y listado de palabras. Desde la narración pura testimonial al uso de la tercera persona más clásica. Es el baúl de la Piqué. Y como en toda comedia, que es seña de la casa Coe, hay siempre cierta amargura y tristeza en un personaje que es más bien un perdedor. Que por perder pierde hasta… Que no, que no hago spoilers.

Como os he dicho la historia arranca con un asesinato -recordad macguffin- en una de las familias más ricas y sórdidas del imperio británico. ¿Acaso “sórdido” y “rico” no van siempre de la mano? Algo así como la familia Roy de Succession y algo, pero un algo menor, como los Kennedy -sin ese glamour-, pero con todo su fatalismo. Sus primeras páginas no me sedujeron en un primer vistazo (las muy últimas tampoco), sin embargo, esto lo digo por si a alguien le sucediera como a mí, sin embargo -repito-, la trama coge tono cuando aparece Michael Owen, protagonista y perdedor, escritor venido a menos al que encargan que escriba una biografía de la susodicha familia rica y sórdida y que se convierte él, en sí, en el verdadero misterio de la novela. La perfecta excusa de tirar de la manta con el fin de escribir un libro que es, a su vez, nuestro libro en cuestión.

Claro, es Coe. Jonathan Coe. Ups, me está sonando a Bond. James Bond. El Robin Hood de los escritores british y qué es lo que hace. Pues desarrollar y evidenciar, por medio de una sátira política, todos los trapos sucios de estos millonetis convertidos en más millonetis, al cuadrado si cabe, a través de las artimañas más execrables, con independencia de la recesión que vivía Inglaterra a mediados de los años ochenta. ¿Os suena, verdad? Porque no nos olvidemos: “¡Es el capitalismo, idiota!”

Hilary Winshaw, más que columnas periodísticas, escribe libelos de profunda influencia social cuya diana recae dependiendo de sus intereses personales. Dorothy, por su parte, fabricante de comida basura sin ningún tipo de escrúpulos a la hora de inflar su cuenta corriente a base de engordar de grasa y aditivos a los británicos y llevarlos a los hospitales en los que su primo, otro Winshaw, Henry, responsable de las políticas que quieren hacer desaparecer la sanidad pública o aquel Winshaw, Thomas, banquero reputado [oxímoron] que especula y presta dinero a Sadam Huseim a pesar de considerarse un patriota que intenta, a su vez y por la espalda, derrocar al régimen iraquí. Y Mark, no puede faltar un traficante de armas que es quien se las suministrará al dictador. Hoy soy laborista, pero mañana, si me interesa, thatcherista. Ya sabéis lo de “tengo unos principios, pero si no te gustan tengo otros”. El truco está y cito textualmente del libro: “El truco consiste en no parar de hacer cosas indignantes”. Yo percibo esto muy cercano a nuestra realidad. Y aunque sí es ficción, su sustrato está bastante sostenido en estudios e investigaciones, como se apuntan en el epílogo por el propio Jonathan Coe, sobre el uso y tejemaneje de las clases poderosas británicas en favor exclusivamente de su bolsillo.

Pero aquí no se apaga la brillantez de esta novela, porque unida a esta idea de crear un drama o tragedia en el que se asienta nuestra sociedad moderna de finales del XX por el camino de lo cómico, llega a ello completando un puzle de casualidades y coincidencias que poco a poco van dando sentido a todos los interrogantes. Yo me preguntaba, que además de ser el inicio de Me colé en una fiesta de Mecano. Yo me preguntaba -insisto- cómo ha de ser el armazón y cómo puede surgir esa idea primigenia que va a ir tejiendo las diferentes partes de este maravilloso engranaje, porque la historia encaja y donde un personaje aparece de perfil y sin aparente interés para el lector, vuelve a aparecer, esta vez, nutriendo la historia con su presencia. Y con este libro, Coe consigue algo poco común que es escribir un libro que consigue sacarte una sonrisa a la vez lágrimas de tristeza y rabia.

Si es así. Si has recorrido el arco completo que atraviesa los diferentes estados de ánimo durante su lectura, desde la alegría a la tragedia o al enfado. O desde el cariño y empatía hacia alguno de sus personajes o el cabreo más furibundo a otros es que ya formas parte del reparto. ¡Bienvenido!