a contranovela
Las pruebas de mi inocencia - Jonathan Coe

Las pruebas de mi inocencia

Jonathan Coe

6.5
EDITORIAL:
Anagrama
AÑO:
2026
TRADUCCIÓN:
Javier Lacruz
PÁGINAS:
417

Hace unos días no tenía previsto leer a Jonathan Coe, pero en un giro absoluto de argumento o un regate de esos fugaces de Messi (del Messi bueno), me han llevado a zambullirme en una de las literaturas que mejores momentos me dieron en los dosmiles. God save the reader!

Leer Las pruebas de mi inocencia, última novela de Jonathan Coe, me ha hecho pensar en el sustrato que subyace entre sus páginas. Estamos ante una sátira política al mejor estilo británico. Inglaterra está en materia de política más desorientada que un guiri en Magaluf y esta novela es su ejemplo porque la historia que se nos cuenta, la investigación de un asesinato, tiene lugar durante el mandato de Liz Truss. La gran esperanza blanca. La Thatcher del milenio y todo el aparato propagandístico que queramos desplegar para cuarenta y cinco míseros días de gobierno. Sinceramente, no la recordaba. Debí salir a hacer la compra y cuando volví ya no estaba. No la confundáis, como me pasó a mí, con Theresa May.

Espera, Luis. Que tú, antes de entrar en materia, te estabas cuestionando algo. Correcto. Este libro, que también lo aborda, aunque superficialmente, en diferentes momentos, además de confirmar lo que ya sabíamos sobre el erratismo político en el que se encuentra la pérfida Albión, se cuestiona también cuál es el verdadero motor cultural de Inglaterra en la actualidad. ¿Existe? Al menos, literariamente, creo que con el final de la generación GranTa hay una cierta fractura generacional. Los hay como Tom McCarthy o Hollinghurst, y seguro que más como Rachel Cusk, pero no encuentro cohesión como si la había en los Amis, McEwan… De esto se habla en la novela y Coe pone en boca de un escritor de segunda o tercera fila, silenciado por la crítica, el desprecio a este grupo de escritores europeístas, de ideas izquierdistas.

Volviendo a mis reflexiones matutinas, creo que Francia sigue manteniendo el estandarte de la gran literatura europea y países como Noruega le están comiendo la tostada a Inglaterra que, repito, tiene grandes escritores o futuros grandes escritores, pero cada uno mirando a la literarura desde posiciones diferentes que no significan que opuestas. Lo mismo ocurre en el cine. Inglaterra, culturalmente, ha dejado de marcar el paso como lo hizo durante décadas. [Sé perfectamente que ahora vais a rebatírmelo, y seguro que con mucha razón, pero no estoy opinando desde la estadística, sino desde la impresión].

Tal vez creáis que estoy yéndome del tema, pero no es así o, al menos, no tanto como penséis. Las pruebas de mi inocencia relata en un juego de múltiples géneros literarios (misterio, académico, policial…) muy british, ya sólo faltaba que apareciera Jessica Fletcher, un posible asesinato. Durante parte de la novela me he sentido justificándome ante mis prejuicios por estar ante uno de esos placeres culpables. La duda, no creáis, la sostengo, porque, por momentos, me sentía ante un pastiche cubierto de salsa worcester aderezada con fritanga de topicazos. Pero es que uno necesita también, a veces, marcha al cuerpo y a mí me presentan un relato ambientado en un college de Cambridge y se me yergue el meñique conforme tomo mi té con nube de leche y pastas con mantequilla. CHEERS! Años ha, devoraba la literarura de Sharpe y, sobre todo, de Lodge o Sue Townsend.

Pero si rascamos un poco, lo que viene siendo este tabloide tiene ciertos alardes de virtuosismo porque la historia se desarrolla desde los años 80 hasta el presente y cada una de las épocas se corresponde con el género que dominaba el panorama. De la novela policiaca de la campiña de hace cuarenta años, pasando por el thriller universitario para llegar a la autoficción de hoy. Todo ello cubierto por una costra “crunchy” de flema británica con el fin de meter un sopapo a los nuevos grupos neocons británicos. Aquí, poca broma. Jonathan Coe sitúa la escena durante unas conferencias organizadas por un think tank que quiere recuperar el thatcherismo y tiene como principal y secreto objetivo la privatización del NHS y para ello, Lis Truzz era su baza. Ayuso, calienta que sales.

Algo que se mantiene en el ambiente de esta novela es la nostalgia. Coe no escribe únicamente una novela política, sino sobre una Inglaterra que vive en un duelo permanente. Las instituciones siguen ahí, los pubs también. Los colleges mantienen su clasismo y muchos no están dispuestos a perder aquello que consideran suyo. Sin embargo, esta nostalgia ha derivado en un imperativo. ¿La libertad? ¡La libertad está amenazada! Claro, la suya. La libertad del mercado. Más que debatir hechos se pretende imponer una narrativa. Nos suena y mucho.

No sé qué opino de Coe y de esta Las pruebas de mi inocencia. Me lo he pasado bien. ¿Os vale como valoración? Voy a leer más de Coe ¿Os vale también? Ha habido momentos en que me ha parecido un folletín. ¡Clonc! Aquí pincha. Pero es que el uso del folletín es parte del plan, Luis. Que Coe sabe que son clichés, pero es que los utiliza como objeto de sátira. Te distrae con un misterio de domingo por la tarde y, en verdad, Coe está con un fu** off a la Inglaterra contemporánea. Ah, vale, voz en off. Y qué me dices de la intriga. ¿No ves que pierde tensión? Es posible, pero es que la gravedad no está ahí, sino en sentarnos me gusta en el banquillo a una parte de la sociedad política conservadora. ¿Y la construcción de los personajes? No parece que se ahonde en su identidad. Te respondo con una pregunta ¿Y si en vez de psicoanalizarlos los está caricaturizando?

Pronto, otro Coe.