a contranovela
Los pájaros - Tarjei Vesaas

Los pájaros

Tarjei Vesaas

8.0
EDITORIAL:
Nórdica
AÑO:
2025
TRADUCCIÓN:
Juan Gutiérrez-Maupomé, Bente Teigen Gundersen y Mónica Sáinz.
PÁGINAS:
289

Que me he leído Los pájaros, de Tarjei Vesaas. Venía de unas lecturas densas, algo enjundiosas, y andaba un poco desorientado, así que me crucé con la crítica de Mercedes Monmany y me dejé llevar. Noruego, recomendado por Knausgård, extensión razonable, y un pálpito. Qué más se puede pedir. Aunque reconozco que los pálpitos me funcionan como, en su día, el radar para captar señales de las chavalas. Mi GPS era Beta. Yo soy como el que conduce y acaba con el coche en las escaleras.

El libro es muy fácil de destripar, por lo que iré describiendo lo menos posible en favor de ciertas impresiones que me ha ido generando. Os he dado a entender que este libro no es complejo ni alambicado. Correcto. Sintácticamente, frases sencillas y breves. Párrafos no muy extensos ¡Bien! Esto es lo que buscaba. Pálpito 1 - Antiguo radar 0. Sin embargo, esconde una exégesis tan direccional que podemos caer en una hondura tal que, de lo que leemos a lo que interpretamos, la obra puede variar extraordinariamente. Los pájaros empieza como un anuncio de compresas escandinavo: ¿A qué huelen las nubes? Naturaleza impoluta, brisa suave, lago en calma. Todo es excesivamente limpio y calmado. Mirad la portada. Lo que vamos a ir sabiendo poco a poco es que esta fábula contiene los ingredientes propios de los cuentos infantiles que con una visión superficial y pueril caen en una visión moralizante y ramplona, pero que si lo observas con una mirada adulta esconde la mayor de las atrocidades. No quiero confundiros. No es un libro sencillo, a pesar de lo que he dicho antes, sino formado por muchas capas. No es un lugar bucólico, o si lo es, está más cerca de la laguna Estigia pintada por Patinir. En esta novela hay también un lago y, si lo hay, es porque hay dos puntos extremos cuya simbología se aferra también a la necesidad de volar. Y para vuelo, el de una becada, un pájaro que, a modo de espíritu santo acompaña una anunciación. ¿De qué? Y ya me he embalado, así que coloco un punto y aparte aquí y retomo mis notas.

La historia es la de Mattis, un heredero de esos personajes simplones, de hecho lo llaman “el Simplón” que encierra en sí una complejidad de la cual no es perceptible el resto de la sociedad. Este personaje recuerda a un Ignatius Reilly de La conjura de los necios o al Bartleby de Melville. Igualmente, proviene del Sancho de El Quijote o del bufón shakespeariano. Vive con su hermana. Mattis es un ser de luz. Inocente. Que dialoga consigo mismo porque nadie le comprende y se aleja del trabajo y del utilitarismo en favor de la belleza primigenia. El resto de los personajes que van apareciendo se encuentran al otro lado del espejo, por lo que lo ridiculizan y marginan. Su único aliento está en la naturaleza pero, como ya anticipé, este locus amoenus particular de los países escandinavos se transforma en un relato de Stephen King. No sucede nada, pero vives en un ay continuo. Y aquí reside la grandeza de este personaje que es uno y, a su vez, símbolo de muchos otros que han ido apareciendo en la pintura, la literatura y el cine.

¡Maldita sea! Yo quería un libro que no hiciera que mi cabeza viajara de la pantalla al libro y del libro al Prado. ¡De mi sillón no me muevo! ¡Y a la multitarea que le den! Y lo que en principio era un personaje casi transparente ha mutado en muchos otros. Porque si en un principio Mattis era un adulto de escasa inteligencia, como ocurre en el vídeo musical de Black or White de Michael Jackson, ¿lo recordáis? Aquel en el que rostros de personas se fundían en otros intercalando razas, etnias, géneros, bigotes, pelos, sonrisas, llantos y colores con el fin de concluir que todos somos sinestesia. Diferentes, pero iguales y bla, bla, bla. Hasta aquí mi comentario viejuno de hoy. Y sigo. Donde Mattis deja de serlo para nacer Gregor Samsa y ser apartado. Gregor Samsa se difumina en Forrest Gump. ¡Y corre, Forrest, corre! Y corre para alejarse de la casa de la bruja, porque ahora Forrest son dos: Hansel y Gretel.

Y de oca a oca y tiro porque me toca. Dos niños cuya inocencia envejece en la figura cándida de Azarías -Paco Rabal- en Los santos inocentes que conversa con la naturaleza y, más concretamente con un pájaro, al igual que Mattis. El noruego con una becada y Azarías con “Milana bonita”. Qué gran película, por cierto. Pero esto no acaba aquí, porque Paco Rabal, o Azarías, viaja, sin salir de la hacienda, al Romanticismo inglés para despertar en el monstruo de Frankestein, epítome de pureza y candidez, el cual no está contaminado por el materialismo de este mundo moderno. Nuestro Mattis se hace amigo de dos niños, los cuales lo tratan con respeto y cariño. La semejanza con el personaje de Mary Shelley es significativa. E igual que sucede en esta novela victoriana, en las casi trescientas páginas, en Los pájaros, hay resumido un libro de texto de Filosofía de Bachillerato. ¿También? ¿Os dije que quería un libro ágil y de lectura rápida? Pues bien. Aquí, de nuevo, bailamos al son de Black or White y sus convergencias neuronales. Ahora desde multitud de referencias bíblicas que se van confundiendo con otras teorías filosóficas. No quiero dejar de lado la imagen adánica de nuestro protagonista cuando come “el fruto prohibido” y alucinógeno. Tampoco con el idealismo platónico. Nos movemos de la angustia existencial de Mattis que se siente extraño de “ser uno mismo” al pesimismo de Schopenhauer. La vida como carga. De aquí al absurdismo de Camus que lo reduce todo a una simplicidad casi cómica y, por momentos, incoherente. El mito de Sísifo, ahora acuático y convertido en un viaje continuo de punta a punta del lago. El mundo de Nietzsche que lo vehicula a vivir en sus propios valores. Y como última referencia y síntesis de muchas, “el buen salvaje” de Rousseau que recoge todas estas posturas en un mismo cuerpo.

En verdad, yo no quería un libro sencillo, sino un libro del que comiera, pero que no pudiera engordar. Es tarde para la operación biquini, lo sé; pero este es un libro nutritivo que enriquece la mente. Es rico en fibra. Es una novela que fácilmente se digiere. No hay frases subrayables, pero algo en su modo de mirar te despeja por dentro. Es altamente nutritiva, sin aditivos. ¿Es este libro familia de la quinoa? No esperes citas originales, tramas rocambolescas o finales moralizantes. No es una literatura deslumbrante en su sentido visual, pero sí remueve tu tránsito intestinal que es lo que nos permite una vida de calidad. Es una lectura para un lector atento que quiera continuar reflexionando y que quiera posicionarse en este mundo. ¡ Y ahora un baño!