Y demás
Christine Brooke-Rose
Reseñar este libro supone para mí un acto de fe. Tanto como lo ha de ser para ti. Autora, el libro propiamente dicho y su trama -por decir algo- suponen ya un interrogante. ¿Quién es esta mujer? Parece el título de la cabecera de la telenovela Pasión de gavilanes. ¿Y qué título es este tan enigmático? Y, sobre todo, ¿de qué carajo trata esto? Tal desconcierto que, incluso, su editorial, una bendita editorial independiente, se atreve a publicar esta novela experimental. Por cierto, el nombre de la editorial, Greylock, hace referencia a la montaña más alta de Massachusetts, la cual fue -leo en la página de la editorial- una cierta obsesión de Melville conforme escribía Moby Dick. Como veis, toda una declaración de intenciones de este maridaje mar-tierra.
¿Quién es Christine Brooke-Rose? Pues yendo a Wikipedia lo veríais y mejor, por lo que no tiene mucho mérito que os suelte la chapa, pero dejémoslo en que fue crítica literaria, novelista y profesora en Francia. Parece ser que dos datos nos pueden ayudar a entender un poco esta creación que es Y demás. El primero fue trabajar para Inteligencia y el descifrado de códigos alemanes durante la II Guerra Mundial, lo cual le sirvió para adoptar el punto de vista “del otro”. El segundo tiene que ver con una enfermedad grave que padeció, de la cual no se concreta más y esto no aparece en Wikipedia, pero que le hizo saltar de las novelas de amoríos y aristócratas a estas nuevas de corte experimental. Pasar de amores a un señor mirándose el universo [digo bien] no es cambio menor.
Y demás, Such es su título original, supone una nueva incógnita a añadir porque “such” no significa nada por sí solo. “Such” requiere de una cláusula para que quede completo su significado. Such a… ¡Sáchame de aquí! En español, el título sigue manteniendo esta indefinición. Qué es lo demás. Pues aquello que se pone al final de una proposición sin querer cerrarla. Un cajón de sastre que remite a “cosas de esa clase” sin nombrarlas. Vamos, sin un contenido concreto. Pues se está siendo un bonito día, ¿verdad? Está quedando todo muy clarito y limpio, ¿verdad? Vamos, que no estáis pillando nada. ¡Pues, hala! Lo mismo me ha pasado a mí con doscientas quince páginas más. Y, sin embargo, me ha gustado.
Me ha gustado porque ha supuesto un esfuerzo. Antes de que os vayáis sin seguir leyéndome voy a escribir posiblemente lo único evidente y claro que vais a entender sobre su trama: Un hombre se encuentra en el umbral entre la muerte y la vida donde la ciencia no sabe muy bien qué tipo de actividad cerebral existe. Dicho paciente a lo largo de ciento cincuenta páginas con un lenguaje cifrado intenta reconstruir e inventar sucesos con personas de su entorno. Vamos, lo mismo que estoy haciendo yo ahora: intentar reconstruir el libro a partir de mis impresiones. Sé que con muchísima menos calidad, pero ojalá con mayor claridad. ¡Toma, te lanzo una esquirla de Y demás: “¿Por qué no podemos ir supersónico? Por encima de las palabras, digo. Colecciono silencios…”. La segunda parte, mucho más breve, aunque casi igual de espiroidea. No sé muy bien si he escogido este adjetivo por lo de espiral o por el speed. Ahí lo dejo. Y no. No me refiero a la peli de Keanu Reeves.
Por momentos me ha llevado a Cinco horas con Mario. ¿Qué habría pasado si Mario se despierta? Lo primero es que Lola Herrera se pega un susto de coj… Además. Y demás. Imagina lo que a Mario se le estaría pasando por la cabeza mientras Menchu le está soltando todo ese monólogo, pero claro, distorsionando el lenguaje porque nuestro protagonista, a veces Larry, a veces Laurence, a veces Lázaro [y demás], es psicoanalista cuyos pacientes son todo científicos, astrofísicos, por lo que muy juanramonjimenamente intenta explicar su relación profesional, familiar y existencial usando un lenguaje más propio de estos ámbitos empíricos. Y demás usa la astrofísica como vocabulario para pensar la psique. Digo lo de Juan Ramón Jiménez porque si no habéis leído su poema en prosa, Espacio, os vais a chupar los dedos y vais a poder afirmar: ¡Esto ya lo hizo Juan Ramón! No digo que ella lo leyera; es sólo una afinidad. Tanto uno como otro son dos artefactos de flujo continuo donde el yo se piensa como parte del universo y el espacio se desintegra en el tiempo. El libro está plagado de máximas como si de fórmulas se tratase y hay dos que tienen que ver con esto que estoy explicando. ¿He dicho explicar? ¿Pero estoy siendo capaz? “El tiempo lo cura todo, el espacio-tiempo lo cura más rápido” y “Cuando no entiendas algo, continúa como si lo hubieses entendido, acabará por aclararse”. Mensaje subliminal para aquellos que me estáis leyendo, por otra parte.
Pese a esta percepción jeométrica (guiño a Juan Ramón) del hecho vital y de que estamos entre científicos, la mano, mejor dicho, la mente de Larry (Laurence, Lázaro) plantea muchas dudas. Toda afirmación será rebatida y todo matrimonio será desintegrado. La segunda parte, lijeramente (último guiño) menos enigmática supone ya el proceso tras su vuelta a la vida y, por si fuera extraño, su desconcierto. Aplaudo con todos los órganos internos de mi cuerpo por su encomiable labor de traducción a Itziar Hernández Rodilla. “Me abrieron la rodilla y encontraron un huevo cocido dentro”. A ver, Itziar, qué sucede con esta rodilla. Chiste infantil, I mean; pero fue leerlo y …
Yo me he visto superado por momentos hasta el punto de definir esta novela como novela-Guadiana porque tras unas páginas de no saber muy bien de qué se estaba hablando, había una chispa de comprensión que servía para que diera un respingo en el asiento y dijera “¡Eureka, lo he entendido!” y poder seguir brevemente su hilo. Otras veces no, y prefería decir” dadme un punto de apoyo que me doy un estacazo con él”. Bromas aparte, Y demás no puede leerse con la intención de conectar significante y significado. Intentar seguir una linealidad argumental es darse un tiro en el pie, lo cual te acercaría, tal vez, al estado semiinconsciente o ECM (experiencias cercanas a la muerte) o fenómeno Lázaro, anda mira, qué coincidencia, también conocida como autorresucitación. Pero no, no, por dios, cómo se te ocurre alentar al suicidio. Por muy experiencia artística que sea. Borrad esto, por favor. Que digo que no lo leáis como si de una novela tradicional fuera, sino dejaros llevar por el trazo compuesto de órbitas, serifas, virguillas o travesaños que componen las letras porque es ahí donde se encuentra la belleza de este texto. Un objeto armónico, sensorial, y como he subrayado en algunas páginas de esta obra de Brooke-Rose y puede servir para intentar interpretarme, “cultivar la duda requiere mucho más cuidado que cultivar la vida espiritual”.
Yo a más no llego. Porque todo lo que he interpretado son impresiones muy personales, por ello os animo a que le deis una oportunidad para así tener una percepción única y personal a través de la lógica, o eso dicen, matemática. Al final lo que es una novela-Guadiana es, en realidad, una novela-Pisuerga porque aprovechando que pasaba yo por aquí… Ya lo demás. Y demás.